Isla Plácida...

                Isla infinita en soledad de pájaros
                en mareas de árboles y fijos deslices de las nubes
                que pasean sus almas esfumadas
                en mil figuras que desfilan plácidas.
                Despejada azulez, goce abismado
                de mirar tan lejana lisadura de delgadez
                desde este abierto prisma de luz desmesurada,
                mientras la mariposa de Ia brisa
                roza su polen fresco,
                y hay una tibia dejadez en todo,
                como de niña sola en la mirada.
                La locura del tiempo entretejido
                en ramas y rumores de mil palmas,
                nos crece penetrados de flor íntima
                como las tiernas trepadoras altas.
                El mangó con sus dedos afilados
                de hojas largas de vena sonrosada
                transparente en perfume, y sus mil frutas
                dulces y toscas como caras cálidas.
                El almendro en figura escalonada,
                la rueda de las ramas con sus hojas
                frescas y francas,
                y el nudo duro de la almendra grata
                que se aturde de golpes y que ofrece
                su entraña destrozada.
                Y la palma en su hélice girante
                de verde lozanía alta y sonada.
                con su caída familiar de cocos
                de intacta dulcez mágica.
                Y más lejos, los pinos tan señores,
                bordados en encaje y filigrana
                en su otro propio mundo,
                con bambúas sonoras en la espalda.
                Se escucha un mar, un mar que no aparece,
                pero que arrulla y mueve y agiganta
                el ámbito del mundo, un mar de vientos
                anuncio de otro mar tan esmeralda.
                Los caballitos de San Juan, festones de sombra
                las dos alas,
                en un galope largo por el aire,
                casi se mecen y casi se estancan.
                Y ese rumor que es como hablar secretos
                pequeños en el alma,
                es sacudida de panderos tiernos,
                es como si sonara una maraca
                perenme y suavemente en un chasquido
                indígena de calma.

                        -----Laura Gallego